302 R sale de aventura

El fin de semana del 25 al 27 de octubre de 2019 acaeció una aventura sin precedentes: cruzar la península Ibérica en solitario (más de 2.000 km) con la Benelli 302 R, desde la comarca de la Segarra (Lleida) hasta Montefrío (Granada) para un reencuentro personal después de 33 años.

Comprada en noviembre de 2018, ahora justo hace un año, su propietario, Tomeu Simó, tiene una historia para contarnos. Vamos a ver de qué se trata:

Todo empezó el viernes 25 de octubre de 2019, a las ocho de la mañana, con algo de neblina y una humedad y frío intensos. El punto de partida: Florejacs, un pequeño pueblo de la provincia de Lleida. El destino: Montefrío, en la parte occidental de la provincia de Granada. Cadena engrasada, aceite recién cambiado (la moto con 2.700 km) y depósito lleno. Sin nada más que una mochila Benelli apoyada en el asiento de atrás y bien sujeta a la espalda (es una mochila preciosa, práctica y dura), mucha ilusión y algo de pánico escénico. ¿Aguantará una moto de 300 cc un viaje tan largo?

De Florejacs, a Tàrrega, Luego Lleida, luego Alcañíz, y a mediodía en Teruel. De ahí, mal asunto, me perdí. Queriendo ganar tiempo para enlazar con la Autopista del Este, me despisté por carreteras comarcales entre Teruel y Cuenca, o entre Cuenca y Teruel, nunca lo llegué a saber. Sin cobertura de móvil ni navegador, rodeado de barrancos, bosques y campos. Y nada hubiera podido ser mejor. A preguntar se ha dicho, como toda la vida. Pinares, encinares, alguna fábrica de piedra caliza, pueblos perdidos, gente hospitalaria y todo el mundo queriendo ayudar: esa es la magia de un viaje en moto, ¡a freír espárragos el móvil!

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Y acto seguido, hacia abajo: ya estoy en la Autopista del Este. Quiero llegar a Jaén para dormir allí (enlazando con la Autopista del Sur) pero no puedo más. Decido quedarme en Tomelloso a pasar la noche. Me levanto de la cama a las ocho para seguir mi ruta (con bastantes dolores, no estoy acostumbrado a tanto ajetreo): Valdepeñas, Bailén, Jaén, paso cerca de Granada y finalmente enfilo la carretera hacia Alcázar de San Juan, no sin antes degustar un delicioso bocadillo de jamón ibérico de la zona con un buen pan de los de verdad, y un aceite para el recuerdo. Parada técnica. Reviso la moto, la cadena, las ruedas… y todo está perfecto. El motor cada vez suena mejor, el asiento es confortable, los indicadores geniales… No me lo puedo creer.

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Llego a Montefrío hacia las 12 del mediodía. Un descanso merecido. ¡Qué pueblo tan encantador! Aparco la Benelli en la plaza misma de la Iglesia redonda. No pasa desapercibida. Disfruto el sábado entero de los campos eternos de olivares, de las vistas a Sierra Nevada y del atardecer. Mañana me espera un duro reto: volver en un día a Florejacs (890 km). El tiempo es apacible, frío en la noche y temperatura primaveral durante el día. Solo me acompañan ciclistas, algún tractor y un par de coches. Increíble.

Ya es domingo, hora de regresar. A las siete, cafetito en el bar de la plaza. Muchos ánimos y hacia arriba, hay que deshacer lo hecho. Pero esta vez no volveré por Teruel, si no por Valencia y por la A-7. Hasta seis veces llené el depósito, parando a estirar las piernas, a comer algo rápido y a disfrutar de la moto. Ya cerca de Castellón empiezo a notar el cansancio. ¿Qué hago, sigo, me paro aquí? ¿Y la moto? ¿Aguantará? Después de 550 km vuelvo a parar para revisarla. Todo está perfecto, limpio el parabrisas de insectos, el casco (también es el casco Benelli, absolutamente fantástico y con una relación calidad-precio insuperable), y vuelvo a engrasar la cadena. Subo y haciendo un último esfuerzo salgo en Reus para tomar la C-14, sólo los jabalís atropellados (ya es de noche) me recuerdan que tengo que extremar las precauciones. Estoy a punto de llegar. Los amigos me llaman, contesto mensajes, estoy bien. La puesta de sol de Lleida, mágica, me distrae en los últimos kilómetros.

A las siete y media giro el contacto de la 302 R por última vez, sintiendo la contracción del metal del silenciador, que se va enfriando. Empiezo a caminar hacia el portal de mi casa, muy cansado pero alegre y feliz por haber hecho realidad un reto, una aventura, casi un sueño diría. Cruzar la península solo y en una Benelli 302 R.

Antes de abrir la puerta de casa, y con la luz de la farola de la plaza proyectando sombras sobre el verde del carenado, me vuelvo, me giro,  y la miro por última vez antes de irme a dormir.

Y me siento en el sofá, me quito las botas y pienso, ¡qué digo pienso! Es que lo siento: ¡qué maravilla de moto!

Gracias a todas las personas que muy amablemente me ayudaron, me guiaron y me atendieron. Gracias a Monteftur por un alojamiento en Montefrío envidiable.

Y gracias a Benelli por hacer una moto tan maravillosa. Que no os engañen, esto es pura pasión.

Tomeu Simó

Florejacs (Lleida)

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